miércoles, 1 de febrero de 2012

La memoria

"Desgraciadamente, tardé bastante tiempo en decidirme a tocar con la partitura en mis conciertos". "En épocas pasadas, cuando el repertorio era mucho más reducido e infinitamente menos complejo, tocar con partitura era la norma". "¡Qué pueril vanidad, cuánto trabajo estéril y agotador requieren esas proezas memorísticas, cuando lo único importante es hacer buena música que llegue al auditorio!".  "Mi consejo a los jóvenes pianistas sería: adoptad este método sano y natural que os permitirá no abrumaros con la repetición de los mismos programas una y otra vez, y que os dará la posibilidad de una vida musical mucho más rica y diversa".

Esto es un extracto del programa de mano que aún conservo del concierto que ofreció, nada más y nada menos, Sviatolav Richter el 17 de febrero de 1990 en Marbella. Lo que más me sorprendió fue que dedicó el doble de espacio a justificarse en vez de a contarnos su curriculum.
Por otro lado, también conservo en VHS una serie de documentales acerca de su vida y carrera. En una de las escenas aparece sentado ante una mesa, con la cabeza entre las manos, quejándose del peso de su prodigiosa memoria. O sea, que el muchacho capacidad tenía.
Vamos al lío. Está claro que la memoria es uno de los factores que más tensión puede provocarnos al presentarnos ante un auditorio. Y digo esto porque, si habéis probado a hacer ya música de cámara, por ejemplo, nuestra atención estará centrada en otros aspectos (conjunción, equilibrio sonoro, musicalidad...), pero no en la memoria, ya que es admitido el uso de partituras con la excusa de seguirnos mejor (no es por mí, sino por si el otro se pierde). Cuando escuchamos un CD, ¿sabemos si el pianista toca de memoria? Cuando hemos visto a otro pianista tocar con partitura, ¿lo hemos menospreciado o hemos sentido un poco de envidia?
Si la concentración significa poner nuestros sentidos al servicio de la música, nada tiene que ver con la memoria. También es complicado tocar con partitura. ¡Vaya! Va a resultar que lo complicado es tocar, ya sea con o sin chuleta.
Puedo contar una experiencia que tuve durante el año 1996, en el que se conmemoraba el cincuenta aniversario de la muerte de Manuel de Falla. Me dediqué a tocar su obra pianística, incluidos los arreglos orquestales. Y me acerqué al centenar de conciertos. Y todos de memoria. Y no pude dejar de estudiar pues son piezas realmente bien escritas que admiten pocas meteduras de pata. Pues bien, llegué a tocar con una capacidad de anticipación que logré el control absoluto de cada nota. Y esto no lo cuento para vanagloriarme, todo lo contrario: llegar a ese estado me costó un esfuerzo superior al normal. Y reconozco que llegué a identificarlo como el estado ideal. Pero entendí que eso me limitaría en cuanto al repertorio. El colmo es cuando se me acercan tras un concierto y me preguntan si toco de oído, pues no me han visto partitura alguna, y que así cualquiera.
Cuento esto porque se supone que cuando nos obligan a tocar de memoria, es para evitar cualquier distracción posible. ¿Y quién dice que leyendo la partitura no haya que tener toda la atención puesta en lo que hacemos? ¿Y quién dice que cuando tocamos de memoria no nos rondan ideas del tipo ¿habré aparcado bien el coche?, el perfume de esa señora es el mismo que usa mi madre, a ver si el fotógrafo se va ya y no me deslumbra con el flash o ¡qué buena estaba la tarta de chocolate que me acabo de zampar! Cosas que tiene la concentración.
Sinceramente, pienso que podemos dar tantas razones a favor como en contra de tocar con partitura. Pero, para intentar aligerar un poco la carga, me gustaría insistir en la última frase de Richter: si no nos dedicamos a repetir los mismos programas (para memorizarlos) podremos tocar un repertorio  mucho más variado y rico. El concierto de Ravel que comenté en mi entrada anterior, fue tocado con partitura y a Ravel no pareció importarle. Ivo Pogorelich se marcó un programón que incluía la tercera Sonata de Chopin, los Gaspar de la Nuit de Ravel y el Islamey de Balakirev, mientras le pasaban las páginas. ¡Qué joven era cuando grabó estas obras para la Deutsche Grammophon por primera vez!
Vamos a dejarnos ya de aspectos superfluos y vamos a  sentarnos al piano con los menos prejuicios posibles. Toquemos de la manera más cómoda, de la manera que cada uno quiera. Tampoco vamos ahora a obligar a todo el mundo a tocar leyendo. Habrá veces que sí y otras que no. Habrá obras de encargo para un solo concierto y obras que interpretemos desde la más tierna edad y salgan sin pensar.
Esto no es el circo y aquí no debería valer el más difícil todavía y sin red. Esto es música, arte y disfrute.

9 comentarios:

  1. Hola,
    voy a presentarme lo primero, me llamo Mayte y soy pianísta, amiga de Fermín(amigo de su hija Bea...). Y es un placer leerle. En cada entrada que leo no pienso sino que no puedo estar más de acuerdo. ¡Qué alegría que alguien más piense éstas cosas y que además se atreva a escribirlas!. Yo desde aqui le anímo a que siga...,siga por favor,que desde aquí espero con ganas el próximo.
    Un saludo

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    1. Gracias Mayte por tu comentario y por leerme. Lo único que pretendo es que mi experiencia sirva y dedicarse al piano sea mucho más fácil y placentero de lo que parece.
      Gracias otra vez.

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  2. Hola, yo tengo 50 años y empecé este año a tocar el piano en la escuela de música de mi pueblo, así que todo me parece nuevo y curioso. En cuanto a tocar con partitura lo que me ocurre es que cuando memorizo la pieza de tanto repetirla, ya no soy capaz de leer la partitura, tampoco de tocar sólo con una mano, están las dos conectadas. Me da la impresión que cuando se aprende una pieza de memoria, aunque no se domine, la vuelta a la partitura es muy difícil, mi cerebro ya no entiende la partitura, no quiere volver a ella. Esto supongo que le pasará a todo el mundo, o no?

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    1. Hola Anabel:
      Lo que cuentas es totalmente normal en los comienzos cuando parece que hay que elegir entre leer la partitura o mirar el teclado. Es una cuestión de seguridad y, como en todo, el tiempo va suavizando esta dicotomía. Creo que es importante no dejar de leer porque ese cerebro al que tanto queremos puede jugarnos alguna mala pasada y empezar a cambiar las cosas de sitio (una nota suelta, un acorde incompleto, unos matices...).
      Lo de tocar con manos sueltas es cuestión de sistemas de aprendizaje. Yo, en mis tiempos, reconozco que apenas lo usé, quizás en algún pasaje que necesitara deletrear, pero poco más. El tiempo también nos hará más capaces en este aspecto.
      Muchas gracias por escribir y ánimo, a seguir dándole a las teclas.

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  3. Debo reconocer la envidia que me dais los que podéis tocar leyendo la partitura con comodidad... Yo llevo un par de años tratando de cambiar mi costumbre, pero me es realmente muy difícil. Aprendí a tocar mirándome las manos y prescindiendo de leer (cosa que pude hacer gracias a que memorizo con relativa facilidad) y ahora me está siendo un trabajo infernal cambiar esto y aprender a leer a las alturas en las que estoy (ya en noveno, o en quinto de medio). Cada frase que consigo leer con enorme dificultad (si no la toco con el oído...) rápidamente la memorizo de forma automática para no tener que volver a leerla, y eso me dificulta mucho coger práctica y soltura para lectura a primera vista y seguridad en el teclado. Así que si tengo que votar por una de las dos, voto por leer la partitura, o al menos por poder hacerlo.

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    1. Imagino que si pudiésemos sumar una memoria prodigiosa a la lectura impecable otro gallo cantaría. De todas formas, memorizar como dices, aun siendo un privilegio, no está exento de riesgos ya que leer no es sólo el previo a memorizar sino captar la multitud de detalles que el compositor ha dejado y que se pueden ir quedando por el camino si no los repasamos constante y adecuadamente.
      Seguro que el día menos pensado se te cambia el chip y se acabó el problema.
      Mientras tanto, a disfrutar de las Fiestas. Un abrazo, Alberto.

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  4. Hola Alberto: Felicidades por este Blog. Es lo mejor que he visto en mucho tiempo. Es como la vida misma. Me identifico con lo que escribes. Como música y pianista, he vivido com y sentido muchas de las cosas que cuentas y reflexionas. Es impresionante !!!
    Te conocí en un concierto que diste en Albacete para Juventudes Musicales hace un puñado de años. Es como si estuviera viviendo ese concierto. Bravo!!!
    Con respecto a esto de la memoria, completamente de acuerdo. Yo leo y aprendo con mucha rapidez y libertad desde que no me obsesiono con la memoria ni con los fallos menores. Puedo tocar en un día en casa cuatro sonatas de Beethoven y al día siguiente la Sonata en Sim de Liszt y las Variaciones Goldberg de Bach. Mi mente es como una esponja desde que le permito comprender y disfrutar de la música y no le exijo dominar y memorizar la música. La libertad y la simpleza es el camino. Saludos y sigue escribiendo, por favor. JF

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    1. Me alegra saber que te gusta lo que escribo, que no es otra cosa que lo que he vivido. Al compartirlo me doy cuenta que todos pasamos por casi lo mismo y nos resulta más sencillo tirar hacia delante.
      Tu actitud es estupenda, nada de retorcerse el cerebro sino todo lo contrario. Los más grandes van demostrando que es la única manera con su ejemplo, así que, vamos a imitarlos.
      Muchas gracias por tu comentario, que siempre viene bien.
      Mi más cordial saludo, Alberto.

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  5. Yo soy el caso contrario de la mayoría, llevo toda la vida leyendo y me cuesta horrores aprenderme las piezas de memoria, estoy e sexto de grado profesional y me piden que toque de memoria, llevo todo el verano practicando y veremos si soy capaz de pasar el examen de septiembre, felicidades por los comentarios,
    Un saludo.
    Alberto.

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